La puja entre el decadente orden unipolar, encabezado por la burguesía financiera norteamericana, y la multipolaridad continúa su curso en el escenario geopolítico mundial generando cambios y conflictos que deben ser tenidos en cuenta para lograr un análisis que se ajuste lo máximo posible a los hechos.
El presidente norteamericano, Donald Trump, ha tomado el control político de un país en crisis que, entre sus problemas más importantes, cuenta con una recesión con una inflación que todavía no han podido ser controladas y un endeudamiento de 38 billones de dólares, es decir, un poco más de un PIB entero (1 y 2). Al mismo tiempo, el dólar, sin respaldo en producción real, ve peligrar su histórico papel de moneda de intercambio mundial a manos de los BRICS, que impulsan la utilización de las propias monedas nacionales en el comercio, marginando cada vez más a los papelitos verdes (3). Debe tenerse en cuenta que fue mediante el dólar y sus organismos de crédito internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, que la burguesía financiera imperialista norteamericana ha podido saquear hasta el día de hoy los recursos y la plusvalía de los países menos desarrollados, siempre de la mano de gobiernos que, siguiendo las órdenes de sus burguesías, han sido cómplices del imperio.
La decisión de Washington de iniciar, para luego pausar a los pocos días (con excepción de China), una escalada arancelaria a todos los socios comerciales de EEUU bajo la excusa formal de “equilibrar” la balanza comercial tiene varios aspectos que merecen ser observados (4). En primer lugar, es necesario tener presente que, en los primeros años de la década del 70, luego de la declaración de inconvertibilidad del dólar por parte del ex presidente yanqui Richard Nixon, se inició un fuerte proceso de desindustrialización en Estados Unidos. Las grandes empresas manufactureras, bajo control del capital financiero y en aras de maximizar sus ganancias, mudaron sus fábricas en búsqueda de tres factores fundamentales: mano de obra barata, garantías jurídicas y un fuerte disciplinamiento social. Dichas condiciones estaban presentes en un país más que en ningún otro: la República Popular China. Así fue como comenzó el camino que impulsó el enorme crecimiento del gigante asiático y que lo planta hoy como la principal economía del mundo. Durante todos estos años, los chinos han incorporado, asimilado y desarrollado una tecnología y un conocimiento que, dirigidos por el Partido Comunista Chino, han sobrepasado a Occidente. Es decir, el globalismo, hoy combatido por Trump e impulsado originalmente por la misma burguesía financiera imperialista, facilitó su crecimiento y le dio todas las herramientas a quien el gobierno yanqui, en la actualidad, ve como su principal enemigo a nivel económico. La reciente imposición de 145% en aranceles a la producción del país asiático parece ser una maniobra orientada a golpear su economía (5). Sin embargo, así como se ha pausado el aumento de los aranceles al resto de los países, entre otros productos, EEUU ha decidido eximir de impuestos a los celulares, procesadores, discos duros, chips, máquinas empleadas para la fabricación de conductores, provenientes de China (6), algo obvio para favorecer SU conveniencia.
Daría la sensación, aun teniendo en cuenta que Trump suele emplear la táctica de golpear duro para después sentarse a negociar, que la jugada no le estaría saliendo del todo bien. Los chinos permitieron burlarse de esta maniobra en las redes a través de animaciones creadas por IA donde se ven ciudadanos norteamericanos obesos en talleres, fabricando en serie con bastante dificultad y una notable lentitud. Es que después de tantos años de desindustrialización, los yanquis han perdido su mano de obra calificada. Hoy, a la luz del avance tecnológico, su clase obrera se ha quedado en el tiempo y no está a la altura de las necesidades.
Tal vez se tomaron esa licencia porque, además, son los segundos mayores tenedores de bonos de deuda norteamericana (alrededor de 760 mil millones de dólares) sólo después de Japón. De hecho, sólo los rumores de que China pudiera volcar al mercado parte de esa cantidad de bonos provocaron pánico en las bolsas (7). Vale aclarar que el gobierno de Xi Jinping está deshaciéndose paulatinamente de dichos bonos en cantidades que no le causen un perjuicio mayor a su economía. Por otra parte, impulsa la implementación de un sistema de pagos alternativo al SWIFT occidental: el CIPS. El sistema CIPS, mucho más rápido en las transacciones y con comisiones sensiblemente menores a las del sistema SWIFT, a corto plazo conformará la red de los sistemas de pagos nacionales de los BRICS junto con el MIR ruso y el RuPayindio (8 y 9).
Frente a tal panorama, no es descabellado pensar que de mantenerse esta guerra comercial, pueda darse una escalada que desemboque en un conflicto militar, teniendo en cuenta que Washington sostiene al régimen de Taiwán, isla a la que China reconoce como históricamente propia. La reciente creación de un nuevo tipo de bomba de hidrógeno del mismo poder que el de una bomba de fusión nuclear, pero sin emisión radioactiva, es una muestra de que el gobierno chino contempla seriamente dicha posibilidad (10). Como si todo esto fuera poco, el gobierno de Xi Jinping aprovecha el “río revuelto” generado por las amenazas de aumentos arancelarios de Trump: el flamante acuerdo con Canadá que, en lugar de EEUU, comenzará a venderle al gigante asiático parte de su producción petrolera y la postura de los países del ASEAN (Asociación Intergubernamental del Sudeste Asiático) que, por las mismas razones, han firmado distintos acuerdos comerciales con Pekín, consolidan a China como “un buen pescador” (11 y 12).
Podemos advertir que lo que subyace en el panorama actual es la imposibilidad del imperialismo norteamericano de ejecutar un plan en el que salga indemne o como un visible ganador, como sí resultara en el pasado luego de la ya mencionada declaración de inconvertibilidad del dólar en 1971, que lo colocó como el dueño de la moneda de intercambio mundial. Aquélla fue una gran estafa al mundo entero basada en su poderío militar imperial que le permitió, casi hasta el presente, ser el mayor consumidor del planeta. Hoy, dada la interdependencia de las economías, como consecuencia de la globalización, EEUU, en muchos ámbitos, depende de la producción china, como los componentes críticos de la industria armamentística y aeroespacial, entre otros. Es decir, cualquier intento de perjudicar al gigante asiático puede volverse rápidamente en su propia contra. La burguesía imperialista norteamericana sabe que se le acaba el tiempo y actúa con desesperación: mientras que, en el Oriente, la paciencia sobra. Por último, China hace décadas que se fue preparando para este momento, pues lo anticipó y, por ello, articuló desde los BRICS, hasta el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB).
Son cada vez más grandes los cambios en el tablero mundial. Europa puede dar testimonio. Con el ascenso de la nueva gestión en Washington, hemos visto una ruptura que ya estaba anunciada de antemano. La Unión Europea apostó todo a una reelección demócrata y ha quedado, como quién dice, en “offside” luego de la victoria de los republicanos. La UE que, entre otras cosas, ha impulsado junto al gobierno de Biden la agenda “woke” (ideología de género, feminismo pequeño-burgués, sobredimensionamiento del cambio climático, etc.) que tiene en Trump un gran detractor, por lo cual parece no encontrar muchos puntos de contacto con el republicano.
Y si tuviéramos que marcar dónde reside la mayor diferencia entre ambas partes, sin dudas que tendríamos que señalar a Ucrania y, por sobre todo, el conflicto con Rusia. Con un criterio bastante acertado, Trump parece estar convencido de que una hipotética escalada en las tensiones con Moscú tiene muchas posibilidades de que todo termine en una guerra nuclear. Así lo pudimos ver en la fallida reunión en la Casa Blanca entre Trump, su vice J. D. Vance y el malogrado payaso fascista Zelenski, cuyo descaro y atrevimiento, tal vez reforzados por el abuso de estupefacientes, fueron repudiados por el primer mandatario yanqui ante los ojos de todo el mundo (13). “Estás jugando a la tercera guerra mundial y no tienes cartas para jugar este juego. Estás perdiendo la guerra” fue la sentencia de Trump que tuvo como destinatario no solo a Zelenski sino, también, a la propia UE, que sigue empecinada en mantener la guerra en Ucrania mandando a morir a los pocos ucranianos que quedan en pie, al mismo tiempo que Trump le ha “cerrado el grifo” a Ucrania en cuanto ayudas financieras.
Las recientes declaraciones del próximo canciller alemán, Fiedrich Merz, que sugirió un ataque a la península de Crimea como así también el envío de misiles Taurus de fabricación sueco-germana al ejército ucraniano son claros ejemplos de la voluntad de las potencias europeas de seguir manteniendo la guerra (14). Eso sí, del otro lado ha sonado una dura advertencia: “piénsalo dos veces, nazi” fueron las palabras del vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y ex presidente, Dmitri Medvedev, dirigidas a Merz, llamándolo a reflexionar sobre sus dichos (15). Rusia, por su parte, continúa con su operación de desnazificación y desmilitarización de Ucrania sin mayores sobresaltos causando duros golpes a las fuerzas que responden a Zelenski. Por más llamados a la paz por parte de los EEUU, el presidente ruso, Vladimir Putin, entiende que Rusia tiene la sartén por el mango y el mango también, por lo cual no tiene ningún apuro en terminar la guerra sin cumplir con los objetivos previstos. Sabe, además, que Zelenski ya no tiene ninguna legalidad ni legitimidad pues debería haber llamado a elecciones hace un año y que sigue manteniéndose en el poder por el apoyo extranjero.
Es asombroso el doble discurso de Trump: por un lado, para justificar su búsqueda de la paz, se clava puñales por la cantidad de “muchachos que mueren” en la guerra entre Ucrania y Rusia. Sin embargo, por el otro, se queda bien callado ante las masacres de palestinos en Gaza, cometidas por Netanyahu, como así también bombardea a mansalva al pueblo yemení.
Por otra parte, otra de las aristas de la ruptura del bloque EEUU-UE puede derivar, en un corto a mediano plazo, en una disolución de la OTAN. Trump ha declarado, incluso en su mandato anterior, que los EEUU financian, prácticamente solos, la alianza militar. También, procedió a retirar 20.000 tropas del viejo continente (la mitad de la totalidad de las tropas en suelo europeo). Por eso es que hace un mes, desde Bruselas, la nefasta Ursula von der Leyen ha exhortado a los países europeos a destinar un 3% de sus PBI a la “defensa” europea para poder seguir sosteniendo las desventuras militares en Ucrania (16). Allí planean, además, enviar nuevamente (esta vez de forma oficial) asesores militares, pese a las advertencias del presidente húngaro Viktor Orban, crítico de las políticas de Bruselas, quien indicó que dicho envío sería cruzar una “línea roja” (17). En un contexto de recesión y crisis como la que atraviesa Europa, el aumento del gasto militar genera reacción en las masas que ya han comenzado a salir a las calles, como en Roma y en Madrid, en contra de una guerra que nada tiene que ver con sus intereses, mientras son los trabajadores y los pueblos europeos quienes sufren y seguirán sufriendo el ajuste sobre sus espaldas (18 y 19). En síntesis: el viejo continente, aparte de su recesión que va en aumento, tampoco tiene recursos naturales ni el suficiente armamento ni las tropas necesarias para enfrentar a una potencia militar como Rusia. Sus líderes políticos son conscientes de esta situación y entienden perfectamente que el mantenimiento de la guerra contra Rusia (a la que agitan como un monstruo con sed de sangre que quiere expandirse hasta Lisboa) depende exclusivamente de la participación de los yanquis y sus recursos. Sin embargo, eso es algo que no entra en los planes de Trump cuyo mayor interés está concentrado en la guerra comercial con China. Con el mantenimiento de la guerra, la burguesía europea pretende justificar el ajuste sobre los trabajadores del continente y sacar las contradicciones internas hacia el plano externo. Mucho idealismo para un panorama tan adverso.
Medio Oriente continúa siendo un escenario donde la inestabilidad es cotidiana. Las negociaciones indirectas entre EEUU e Irán van por su tercera ronda en Omán y son seguidas de cerca por los sionistas (20). La comitiva persa apunta a ponerles fin a las sanciones y la presión política contra su país por considerarlas injustas, mientras que el imperialismo norteamericano busca eliminar y bloquear el no sólo el desarrollo nuclear iraní, sino la totalidad de sus avances armamentísticos, especialmente, la industria misilísitica en crecimiento. Dicha pretensión “poco realista”, según el canciller iraní Seyed Abás Araqchi, lo es aún menos si tenemos en cuenta que arsenal nuclear israelí cuenta con 400 armas nucleares aproximadamente (21). Otra muestra de la hipocresía y el doble rasero de Occidente. No hay que dejar de lado el hecho de que Teherán y Moscú vienen acercando posiciones y recientemente han firmado un acuerdo de defensa mutua ante cualquier agresión militar. Irán sigue creciendo como potencia militar en la región: sus drones de fabricación propia operan con gran éxito en Ucrania además de haber alcanzado la producción de misiles hipersónicos. Trump deberá pensar seriamente y, por lo menos dos veces, antes de iniciar cualquier aventura militar contra los persas. Por otra parte, Israel continúa su salvaje genocidio contra la población civil en Gaza habiendo desconocido de forma unilateral el alto al fuego. El terrorismo sionista, que lleva más de 50.000 palestinos asesinados, dista mucho de ser una demostración de fortaleza (22). Es consecuencia de la desesperación ante la imposibilidad de derrotar militarmente a Hamas en un contexto en el que crece cada vez más el rechazo de la población al fascista Netanyahu quien ve peligrar su presidencia ante varias acusaciones de corrupción y una economía con los números en rojo. Si no fuera por su “socio”, Estados Unidos, hace rato que habría caído. Sin embargo, para Trump es una mochila tan pesada como la europea, sólo que está decidido a seguir sosteniendo a su alfil en Medio Oriente.
En nuestra región también se reproduce la lucha ente el decrépito orden unipolar y el orden multipolar en ascenso. Se puede decir que, con el regreso de Trump a la Casa Blanca, vuelve el concepto de Iberoamérica como “patio trasero” de los EEUU. El Tío Sam busca pisar fuerte en nuestro continente para contrarrestar la fuerte presencia China, a la que quiere desplazar por completo. El pedido del secretario del tesoro al gobierno argentino, encabezado por el payaso Milei, de deshacerse del swap con China fue una de las exigencias para facilitar el reciente préstamo de 20 mil millones de dólares del FMI y es un ejemplo de los intentos imperialistas por tomar el control regional (23).
Ante la crisis del capitalismo, los trabajadores debemos ser plenamente conscientes de que este sistema sólo puede seguir garantizando más guerras, más hambre, más miseria y más muertes. Es nuestro deber trabajar para elevar los niveles de consciencia de las masas y para la organización de nuestra clase y del campo popular. Pelear por la unidad de los trabajadores y el pueblo urge más que nunca, como también la construcción del Partido Revolucionario, organización indispensable para consolidar una verdadera dirección que pueda orientar todas las luchas contra quienes nos explotan y oprimen. Son momentos de apelar a la fraternidad y a la generosidad, de concentrarnos en las cosas que nos unen y no en nuestras diferencias. Así podremos construir el futuro que nos merecemos y romper de una vez y para siempre nuestras cadenas, que es lo único que tenemos para perder.
¡TRABAJADORES DEL MUNDO, UNÍOS!
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