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Partido Revolucionario de los Trabajadores

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Por la revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Che Guevara)

CARLOS PONCE DE LEÓN
(1941-2022)

Nació el 25 de Octubre de 1941 en Tucumán. Su infancia, sin embargo, transcurrió en la provincia de Salta. A los 14 años, en 1955, comenzó a trabajar como aprendiz de tornero e inició sus estudios secundarios en el Colegio Industrial Nicolás Avellaneda, de Santa Fe, Argentina.

Entre 1957 y 1958 participó, durante tres meses, de la huelga internacional de obreros metalúrgicos en solidaridad con los obreros metalúrgicos de Detroit.

Durante la cursada de su secundaria también participó de la lucha estudiantil “laicos y libres” en conjunto con los estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata.

En enero de 1962 ingresó al servicio militar obligatorio en el que recibió instrucción militar. Durante el tiempo que permaneció en el ejército sucedieron hechos políticos en los cuales intervino dicha fuerza: el golpe de estado a Arturo Frondizi y dieciséis pronunciamientos militares entre los que estuvieron el enfrentamiento entre azules y colorados y el levantamiento de Punta Indio en 1963. Permaneció de licencia entre el 30 de abril y el 25 de mayo de 1963, fecha en que finalmente le dieron la baja y lo degradaron del cargo de Dragoniante por participar de un enfrentamiento con las autoridades del regimiento por la negativa de estas autoridades a darles la baja a los soldados de su clase. Durante su permanencia como soldado dentro de las filas del ejército recibió entrenamiento antiguerrillero contemplado por el entonces vigente “Plan Conintes”.

A la salida del servicio militar obligatorio ingresó como oficial tornero en Auto Unión. Al poco tiempo fue elegido delegado de sección y como tal participó, entre 1963-1964, del plan de lucha de la CGT cuando Augusto Timoteo Vandor era el Secretario General.

En 1965 fue despedido de Auto Unión como consecuencia del enfrentamiento con la UOM y pasó a integrar las listas “negras” del sindicato en Santa Fe, por lo cual se trasladó a Buenos Aires.

En Buenos Aires, durante 1965, fue contratado por Ford donde se desempeñó como preparador de máquinas automáticas y participó de las luchas entre la CGT de los Argentinos y la CGT Azopardo, y allí conoció a Raimundo Ongaro con quien colaboró.

A mediados de 1968 se contactó con Montoneros y luego con el PRT donde terminó ingresando como aspirante y participando de un grupo proveniente de la Brigada Masetti de las FAL.

Cuando se creó el Ejército Revolucionario del Pueblo, en Julio de 1970, pasó a ser combatiente del mismo integrando uno de sus comandos.

Mientras tanto, trabajó como obrero en diferentes lugares: Talleres Navales, Fábrica Argentina de Engranajes, Citroen y otras. Nunca fue un militante rentado, ya que toda su militancia se conjugó con su trabajo de obrero metalúrgico.

En 1972, el comando al que pertenecía participó, junto con otro, en el secuestro de Oberdam Sallustro, Gerente General de la Fiat Concord Latinoamericana y tercero en orden de importancia de la Fiat mundial. Diez días antes de ser ejecutado el empresario, Ponce de León fue detenido, torturado y condenado a reclusión perpetua más el Art. 52 del Código Penal. Permaneció preso hasta el 25 de Mayo de 1973, fecha en que el presidente Héctor Cámpora firmó la amnistía para todos los presos políticos. Salió en libertad en esa fecha y regresó a trabajar como oficial múltiple en la misma fábrica en que trabajaba antes de caer detenido: Castells Hermanos.

Continuó como militante del PRT y el 8 de Junio de 1973 fue promovido, dentro de la organización, como responsable político de Capital Federal, zona independiente dentro de la organización, por lo cual se relacionaba directamente con el buró político del partido integrado, entre otros, por Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Domingo Menna y Antonio del Carmen Fernández.

Pese a su oposición a continuar la lucha armada contra las fuerzas armadas, fue elegido para integrar la escuadra que atacaría el Comando de Sanidad del Ejército. Disciplinadamente obedeció lo dispuesto por el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el 6 de Septiembre de 1973 ejecutó la orden. En ese asalto fue detenido, nuevamente, junto con casi todos los integrantes de la escuadra de la cual sólo dos lograron escapar. Fue juzgado y condenado a dieciocho años de prisión por el Juez Marquart y a diecinueve años de prisión por la Cámara Federal integrada por Piotti y Del Pino, entre otros.

Permaneció preso desde el 6 de Septiembre de 1973 hasta el 7 de Agosto de 1984 cuando, mediante una huelga de hambre realizada en la Cárcel de Devoto junto con otros compañeros, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, logró, finalmente, su libertad y la de todos los compañeros que podían ser incluidos en el “dos por uno”.

Ya en libertad se volvió a reintegrar al trabajo como obrero metalúrgico y se siguió desempeñando como oficial múltiple.

Participó de cuatro intentos de reconstrucción partidaria: el primero con los ex exiliados Amílcar Santucho (hermano de Mario Roberto Santucho) y Roberto Guevara (hermano de Ernesto “Che” Guevara). Por el sesgo político que tomó este intento dirigido por éstos, se opuso tenazmente al reformismo imperante en el partido por lo cual fue expulsado en 1994.

Intentó reconstruir el PRT dos veces más con diferentes ex compañeros de militancia, intentos que fracasaron.

En 1999 participó de la experiencia del PT dirigida por Daniel de Santis, experiencia que implotó en Mayo de 2001.

A partir de esa fecha comenzó el cuarto y último intento de reconstrucción del Partido Revolucionario de los Trabajadores que, actualmente, continúa y donde hoy milita en la formación de cuadros a partir de una amplia revisión de los hechos pasados y de una autocrítica de la desviación militarista del PRT en el cual comenzó su militancia, reivindicando la abnegación y convicción de cada uno y todos sus compañeros muertos y desaparecidos. Este intento logró consolidarse a partir del VIº Congreso realizado en 2002.

El actual Partido Revolucionario de los Trabajadores ha realizado ya su IXº Congreso, siempre en la línea de profundizar la autocrítica tendiente a elaborar una herramienta revolucionaria que lleve al proletariado al poder.

Después de catorce años de trabajo ininterrumpido como oficial múltiple en una fábrica metalúrgica dedicada a la fabricación de bienes de capital, cumplidos los 65 años, Carlos Ponce de León se jubiló como obrero metalúrgico y continúa su militancia en la reconstrucción del Partido Revolucionario de los Trabajadores y como integrante del mismo es director y columnista de «El Combatiente», órgano de prensa de la organización.

FRENTE A LA INFAMIA Y LA MENTIRA ES MI DEBER ACLARAR

Frente a las infamantes mentiras de algunos ex compañeros de militancia, que no tienen pudor ni vergüenza, debo concluir en que no la tuvieron nunca; personajes e individuos que han sido parte periférica del Partido Revolucionario de los Trabajadores y que llegaron a militantes de la única manera en que pueden hacerlo los trepadores y arribistas: anti-estatutariamente. Frente a ellos, debo contar la verdad de los hechos que culminaron con mi expulsión en el año 1994.

Me refiero a aquéllos que vinieron del exilio atornillados a los cargos de dirección. Cuando salieron del país, ninguno de ellos eran miembros plenos del Partido: pertenecían a las categorías de simpatizantes y colaboradores, algunos como abogados; otros, quizás, pertenecieron a la Juventud Guevarista o tal vez eran periferia o, como algunos, tenían algún pariente de honroso apellido en puestos de responsabilidad. ¿Quién sabe…? Las consignas “no cuentes ni dejes que te cuenten”, “no preguntes ni dejes que te pregunten” escondieron y esconden monumentales imposturas. El hecho palpable, ése donde mueren las palabras, es que no eran ni son militantes del “viejo” Partido. Me refiero a los que vinieron con “cargos” en el Comité Central, no a los distraídos que se llenan los ojos con oropeles y cuentan hazañas que no protagonizaron…

Debemos dejar muy en claro que el Partido Revolucionario es Partido siempre y cuando esté en el país que le dio y da vida y sustento. Fuera de ese ámbito deja de cumplir el papel, el rol para el que fue creado: transformar la sociedad en la que nació y se nutre. Al salir del país -tal como salió el PRT- en el exilio dejó de existir, no era ni tenía razón de existencia fuera del país. Por tanto, todas las decisiones y resoluciones que se tomaron fuera del país no se correspondían ni se corresponden con las razones que le dieron vida. Ésta es la razón por la cual los que continuamos con la historia -la verdadera- del PRT desconocemos el 6º Congreso realizado en el exterior y todos los congresos realizados por la camarilla que fue parte de la destrucción del Partido en el exilio: más allá de lo que sostenga Mattini y compañía, se fueron del país para exiliarse. Esa dirección, salvo honrosas excepciones, SE FUE, dando la espalda al enemigo y no como sostiene uno de los magos actuales de la mentira en sus libros publicados. Esa dirección SE FUE dejando atrás a compañeros que se negaron a seguirlos y se quedaron, compañeros que creían -y creen- que “A vencer o morir por la Argentina” era y es mucho más que una consigna porque es la forma de vida que elijen los verdaderos revolucionarios. Compañeros de los cuales muy pocos quedaron vivos, después de haber sido tenazmente perseguidos… Muchos terminaron en los campos de exterminio; otros, muy pocos, sobrevivieron… Esa dirección SE FUE y dejó a todos los presos en manos del enemigo. Dicen que pensaban volver… Pero, no volvieron. Y ésa es la cruda verdad. Pero todos los que vinieron como miembros de un Comité Central elegido a espaldas de los que éramos miembros plenos del Partido participaron activamente en hacer pedazos al partido en el exilio; tarea que le sirvió y benefició al enemigo. Los métodos que usaron los dos bandos son típicos de mafiosos. Un capítulo aparte son las amenazas, las condenas a muerte, la descategorización (se ponía de simpatizantes o de colaboradores a mujeres y hombres de probada militancia) cuando manifestaban estar en desacuerdo con lo que se estaba haciendo. Se los tachaba de servicios del enemigo para descalificar sus posiciones. Ésas y otras más eran las prácticas que usaron tanto el sector de Mattini como el de Gorriarán. Así caracterizaron a Rubén Batallés (un compañero que salió de las cárceles en 1982), cuando les planteó que debían poner los cargos a disposición de un Plenario o un Congreso con la participación de los presos liberados. Lo echaron como a un leproso, a pesar de que los había ayudado a ingresar al país, a volver… Es vergonzoso reproducir todo lo que dijeron.

Sin embargo, nunca dieron ninguna explicación de lo que había pasado en México. La versión que tengo es la que me dio el Gringo Porco. Puedo asegurarles que no es edificante y deja muchas dudas y sospechas. Allí cayeron presos como doscientos compañeros, pero aquí llegaron menos de veinte… Otros quedaron presos. ¿Dónde quedaron los demás…? Se fueron para nunca más volver. ¿Cuál era el objetivo que reconocían? Necesitaban dinero para volver. ¿Por qué no trabajaban, en lugar de ensuciar el lugar del exilio? Nunca, jamás trabajaron: eran y son unos inútiles. México no fue una excepción, por el contrario, fue una constante. No trabajaban. Sé de presos en Carabanchel abandonados a su suerte, sin abogados, sin nada. Tachar de colaborador del enemigo a los que no acordaban era una constante. Todavía lo es. Ensuciar es lo único que saben.

Salí de la cárcel de Devoto el 7 de agosto de 1984, después de una huelga de hambre de 35 días. Una huelga que empezamos 32 y terminamos 6 compañeros. Obligamos a Alfonsín a aprobar en el Congreso la Ley del 2×1. En virtud de esa ley salí con la libertad condicional. Salí militando junto con otros tres compañeros. Con ellos editábamos cuatro o cinco números de un boletín que se llamaba “Libertad”. Nos ayudaban las chicas del PI (Partido Intransigente). Amílcar Santucho, hermano mayor de Mario Roberto Santucho, nos mandó un emisario con el objetivo de que no siguiéramos con la huelga de hambre. Se equivocaron, nosotros no acatábamos directivas de nadie y mucho menos cuando teníamos una evaluación de las debilidades y los objetivos del gobierno: éramos uno de los dos demonios en el platillo de su balanza. Le rompimos el platillo y la balanza. Poco después. Alfonsín tuvo que sacarse la máscara y aprobar la ley de “Obediencia debida y punto final”… Pregunté y me sigo preguntando qué evaluación hacían cuando nos pedían que finalizáramos con nuestra huelga de hambre. Creí, en ese momento y sigo creyendo hoy, que lo único que los guiaba era y es el MIEDO. “No hagan olas” era la consigna que los guiaba y estaban tan derrotados y tan quebrados, que creían en la democracia burguesa… Las cosas que fueron sucediendo me confirmaron esa creencia.

Al poco tiempo de salir, uno de los compañeros del grupo de cuatro se nos convirtió en un sex-simbol. Dos, se contactaron con el grupo de Amilcar y decidieron militar con ellos. Pedí una charla porque no me convencían las posiciones que sostenían. Tuve la charla. Planteé mi desacuerdo con las dos consignas centrales: “Defensa de la democracia” y “Profundización de la democracia”, pero acordé militar con ellos. Fue un acuerdo. Me basé en algo que es una mentira monumental: la confianza de que verían el error y que se podría cambiar ese PRT “desde adentro”. El tiempo me demostraría que estaba equivocado, muy equivocado. Pero me quedó la enseñanza de que la práctica es el único criterio de verdad, que aquello que pensaba sólo funcionaría con buena gente, con buenas personas, con verdaderos revolucionarios. No pasó mucho tiempo -más precisamente en 1985 y sólo para nombrar algunos- sucedieron tres hechos: a) El PC hace un acto en Ferro. El equipo que yo atendía hizo una bandera del Partido de 8 metros de largo por 2 de ancho para ponerla en la tribuna. ¡La cortaron! Su miedo era mucho más grande que la bandera. b) Luego del acto, me entero de que Amílcar estaba en tratativas con el PC para “fusionar” el PRT con el PC. En la primera reunión que tuve puse el “grito en el cielo”. No se hizo tal “fusión”. c) Impulsaron -le dieron “aire”- al compañero Papucho para “conseguir” dinero “extraordinario” para no sé que “proyecto”. Como consecuencia de la acción para hacer “finanzas”, Papucho fue detenido, acusado de un secuestro extorsivo que no había hecho y fue condenado. El día en que lo arrestaron ningún miembro de la “dirección” apareció en la cita que tenía con ellos. Salí a defender al compañero y frenar las posibles consecuencias sobre los compañeros liberados. Ese mismo día tenía reunión con la dirección, pero no aparecieron. Unos compañeros que habían sido del PST me llevaron, solidariamente, a una casa de ellos porque temían lo que me pudiera pasar por lo que dije en la conferencia de prensa que se había realizado en Familiares. La dirección de ese “PRT” no apareció hasta bastante tiempo después. Los critiqué y el silencio fue su respuesta. Papucho fue abandonado absolutamente. Ni siquiera un paquete de cigarrillos le hicieron llegar. Fueron otras personas quienes estuvieron acompañándolo hasta que salió en libertad en 1992 o 1993, no recuerdo el año exacto. Cuando salió, vino a verme y me contó los entretelones que también son lamentables. Debo reconocer que me enojé muchísimo con él, porque a pesar de haber sido uno de los combatientes del ERP, fui crítico a la decisión de seguir con la lucha armada en los niveles en que se planteaba, pero también fui disciplinado. Amílcar y el resto de la dirección creían y pensaban que yo era un militarista como casi todos los que no me conocían. Lo sabía, pero no me importaba.

En el año 1987 se realizó el 7º congreso y participé. Fue inmensa la vergüenza que sentí por dos razones: la primera, porque no pude torcer la decisión de cambiar el logo de El Combatiente y, lo que es peor, no logré el cambio de la consigna que llevaba dentro del logo: se borró “Por la revolución obrera latinoamericana y socialista” y se puso “Por la revolución democrática popular antiimperialista”. Protesté y pedí que se agregue “hacia el socialismo”. Como la mayoría apoyó, se la incorporó. También se cambió el globo terráqueo de la tapa por la cara de Santucho. La segunda, porque tampoco pude lograr que se cambie la dirección: siguieron siendo mayoría los exiliados que nunca fueron del Partido. A ellos les consta que no trajeron a nadie al Partido, como también les consta que muchos se quedaron por la historia y porque mal que les pese, soy parte de la historia del PRT. No alcanza con el apellido y el parentesco: la revolución no se hereda con los genes.

1987 fue el año de la “legalización” del Partido para incorporarlo al FRAL. Fui parte de la Junta Promotora. Junto con el “Nono” Rey fuimos los Apoderados. A mi nombre están los trámites de “El Combatiente”, los trámites de la Editorial 19 de julio. Fui tan ingenuo que creía que se hacía así para preservar a la dirección. ¡Qué tonto! No veía que sólo escondían el terror, el miedo cerval que sentían. Entramos al FRAL, fuimos a las elecciones. ¡Tengo el orgullo de ser el ¡primer candidato por el PRT! Y lo fui una o dos veces más. El Partido Comunista, “el gran Partido”, al que nunca dejó de pertenecer Amílcar, nos jugó sucio en el frente que llevaba al Fiscal Molinas como candidato y quedamos “colgados de la brocha”, como también nos jugó sucio en el Frente del Sur para entrar al Frente Grande. Armamos un frente de “apuro” con el PSOL-MODEPA y otros, nos presentamos a elecciones. Fue triste, muy triste, escuchar los cálculos que se hacían. Y más tristes aún los lamentos y acusaciones luego de las elecciones. Mis planteos siempre fueron por la no participación en las elecciones. Pero no se escuchaban, se descartaban. Tanto el dinero de las elecciones, como luego el de la Fundación Grosinsky y otros ingresos, nunca fueron rendidos. Las finanzas eran algo que mantenían muy en secreto.

Era miembro del Comité Central, miembro pleno a partir de la muerte del Nono Rey en 1987. Era el representante del Partido en el Frente. En los hechos, teníamos posiciones distintas y a veces antagónicas, pero evitaba llevarlas hasta la ruptura. Creo que ellos también lo evitaban. Contaré un hecho para que ilustre un poco las contradicciones y las imposturas. En 1988 o 1989 llegan al local del MODEPA dos chicos buscando al PRT. Miembros de la dirección del PRT los atienden y les dicen que el compañero del PRT venía el miércoles o jueves. Vuelven los chicos al jueves siguiente y esos mismos miembros de la dirección les dicen que yo estaba en el fondo (es decir, yo era el único del PRT…). Los chicos se incorporaron al partido. Imaginen su asombro cuando descubrieron que los mismos que los atendieron y negaban ser del PRT ¡eran! Y, para colmo, eran miembros de la dirección. ¡Cuánto costaba explicar algunas cosas…!

En diciembre de 1988, en el local del Partido Socialista, el 1º de Mayo, terminada la reunión del Acuerdo Popular, un periodista de Clarín me pide una entrevista. Me hace una serie de preguntas sobre Monte Chingolo. Me pregunta sobre Gorriarán, le contesto que había sido expulsado en el Sexto Congreso realizado en el exilio y que no pertenecía al PRT. La entrevista fue publicada textualmente. Muy poco después me llamaron desde la dirección. Pretendían que mintiera, que cambiara mis dichos, porque estaban en “conversaciones” con el MTP… Menos de un mes después, el 23 de enero de 1989, el MTP copaba La Tablada. Los diputados nacionales Jaroslavsky y Alsogaray decían por los medios que el PRT estaba dentro del cuartel. A las diez y media de la mañana llamé a la dirección del Partido. ¿Resultado? Ausentes, no estaban donde debían estar. Tomé la decisión de ir al Ministerio del Interior. Fui hasta allí, como apoderado, a deslindar responsabilidades y sacar al Partido del problema que seguro se venía, mientras ayudábamos a los militantes del MTP que nos pedían ayuda. Mientras tanto, la dirección seguía ausente, vaya a saber bajo de qué cama estaban. Me dejaron abandonado, lo mismo a mi familia. Después, mandaron un compañero para que me informara la decisión de “la Dirección” para que me presentara a una conferencia de prensa que se hizo en el local del MODEPA, en la calle Malabia. Allí fui y me encontré con otro que traía “directivas” para que condenara a los compañeros de La Tablada. Me negué porque jamás condené a ningún compañero, por más diferencias que tenga. Los problemas y contradicciones entre compañeros se discuten mano a mano y no frente a los medios del enemigo. No fui, no soy ni seré basura. A raíz de esa conferencia de prensa aparezco por primera vez en televisión. El 23 de febrero, a un mes de la Tablada, la televisión repite todos los hechos y declaraciones de ese día 23 de enero, el dueño de la fábrica donde trabajaba me vio en pantalla y no dudó en despedirme. Estuve cuatro meses sin trabajo. Nunca les pedí nada. Tenía un hijo pequeño y otro en camino que nació en el mes de mayo. No tenía ni para pagar el alquiler y mucho menos para comer. No importa. Pero no dieron ninguna explicación de por qué “desaparecieron”. Estos hechos los hice conocer a todos los que quisieron escucharme dentro del Partido, pero nadie dijo nada. La cobardía era y es generalizada en esa organización.

Por esos años vino un compañero a preguntar si sabía de alguien que quisiera compartir vivienda y alquiler. Le comento sobre uno que yo sabía que vivía solo, llamado Cristóbal, y que militaba con nosotros. Al poco tiempo, el compañero me llamó alarmado y me mostró un libro de su compañero de alquiler: era un Teniente del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Quien lo había traído al Partido era una persona de la que yo sospechaba desde antes de salir de la cárcel, alguien que iba a visitar a uno de los compañeros que militaban e hicieron la huelga de hambre hasta el final. Al salir, formaron pareja (1). En su domicilio conocí varios personajes que me parecieron sospechosos. Informé a la dirección de esta bicha y les recordé mis sospechas sobre la persona que lo había acercado. Respuesta: no pasó nada. Todo transcurría como si nada. En ese interín me entero de que esa persona de la que yo sospechaba estaba de responsable del grupo central de Formación Política… Conclusión, conocía a la inmensa mayoría de los militantes del Partido. Como si eso fuera poco, la pusieron para atender a las embajadas. Un día, me llaman de una de ellas y me dicen que esa persona estaba trabajando para el enemigo. Rápidamente informo y pido la expulsión sí o sí. Pero veo que en medio de este lío, aparece otro personaje que había conocido en la casa de esa persona. Para sintetizar, este personaje, en una elección se habría presentado como candidato a concejal en el partido de General Sarmiento, más precisamente San Miguel, el candidato Enrique Millán, venía con planes para hacer finanzas y se reunía con la dirección. En 1993 o 1994, un día voy a la casa de una pareja: él, Secretario General del MODEPA y ella, militante del Partido (PRT) y el MODEPA. La dirección la había citado para una reunión con Millán, Amilcar y Roberto Guevara. ¡Qué sorpresa se llevó cuando abrió el diario Clarín: en un asalto a un camión blindado, en La Reja, había caído presa una súper banda, compuesta por militares, marinos y “desaparecidos” de la ESMA! Enrique Millán era uno de ellos y figuraba como teniente del Batallón 601 de Inteligencia, más la historia de su candidatura. Tomé un colectivo y fui al lugar de la reunión de la dirección y les dije de todo. Eso y una discusión sobre un documento de un compañero economista que no decía lo que ellos pensaban y que querían rechazar en lugar de ponerlo a discusión, como corresponde a un período pre-congreso más el resultado de un plenario, donde perdieron, fue el principio del fin de mi relación con esa camarilla.

En mayo de 1994 me citan en Larrea y Córdoba para una reunión de Comité Central. Voy, espero, pero nadie fue. Sabía que era para expulsarme. Me enteré por otro compañero, al que también expulsaron, de mi propia expulsión. La cobardía es la esencia de esta camarilla. Publicaron mi expulsión en el diario Ámbito Financiero, diciendo, que los había entregado para que me paguen la indemnización como preso político… ¿Para qué los iba a entregar, si estaban regalados? Que se sepa, ninguno estuvo o está preso. Eso sí, hay uno que es drogadicto y deberían mandarlo a rehabilitación, el otro tiene vocación para alcahuete. Lo mandaban a vigilar a un obrero de La Cantábrica para que no tome vino. Su hermano es un quebrado que perteneció al Comité Central, pero no es el único quebrado, necesitaríamos un semi-remolque lleno de yeso para todos los quebrados. Ahora dicen que entregué a los compañeros de La Tablada. En fin, sólo puedo pedirles que se cuiden, porque alguien cercano, muy cercano a ellos, les acerca agentes del enemigo y ellos los incorporan. No necesitan que nadie los “venda” y tampoco creo que el enemigo se ocupe de ellos ante tan manifiesta inutilidad.

Aclaro, en diciembre de 1999, cinco años y seis meses después de que me expulsaran, cobré la indemnización. Soy uno de los últimos en cobrarla, mejor dicho, fui casi el último al que le pagaron. Nunca ví a ninguno de ellos en ninguna marcha, acto ni nada que se le parezca, en solidaridad con los compañeros del MTP. Los hechos hablan más que las malas lenguas. Han cambiado, porque he visto algunos periódicos, la consigna del logo, pero su política demuestra que no tienen política: oscilan desde el más puro oportunismo a la más descarnada adoración al espontaneísmo. ¡Apoyaron a los piqueteros terratenientes! ¡Flagrante oportunismo! La organización que pregonan es la “auto-convocatoria”. ¡Puro espontaneísmo! ¿Crear conciencia? ¡Nunca! ¿Para qué?

CARLOS PONCE DE LEÓN

(1) Recuerdo el primer volante que pedimos con el chileno Moretti, compañero de la uruguaya que yo caracterizaba como infiltrada. Era para la primera concentración de la CGT que se hizo sobre la 9 de Julio en los años ’80. Por “orden” de la “dirección”, los volantes fueron impresos ¡sin firma! Con el chileno les pusimos PRT con marcador y los distribuimos. La verdad es que se creían tan importantes y “peligrosos” que pensaban que los “servicios” estaban pendientes de ellos.

¡Cuánta impostura! Hay mucho más, pero elegí contar sólo estos hechos para no cansar a los lectores, pero pienso que es suficiente para ilustrar la catadura moral de los que dirigen ese “PRT”. Sostuve, sostengo y sostendré que las siglas no pertenecen a nadie en particular y mucho menos a los que vinieron a destruir la IDEA del Partido Revolucionario, llevándolo a transitar las cenagosas aguas del reformismo y de la conciliación de clases. También les pido a mis compañeros que no entren en las provocaciones de ningún militante de base de esa camarilla. Ellos creen en su dirección. La lucha es esencialmente política. Ya la han perdido, están derrotados. De ahí su desesperación que los lleva a inventar nuevas mentiras. A los militantes de base de esa dirección les pido que se informen, que investiguen quién es quién. Que no se queden con lo que les dicen. Un revolucionario no es un fanático, es esencialmente irreverente. Busquen los antecedentes de sus dirigentes y comparen hechos con dichos. Nuevamente, HASTA SIEMPRE. A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA.

CARTA ABIERTA A UN AUTODENOMINADO FILÓSOFO

De cómo retorcer la historia para justificar las políticas de Estado

La clase dominante se nutre de intelectuales provenientes del proletariado y la pequeña burguesía para que la defiendan y justifiquen teóricamente. A otros los coopta y utiliza para que la defiendan con las armas que pagan los pueblos con sudor, hambre y lágrimas, como pagan las universidades adonde estudian los intelectuales mercenarios. Ambos defienden, con uñas y dientes, los injustos intereses y privilegios de los cuales goza la clase dominante. Estos «intelectuales» y miembros de las fuerzas de seguridad deben ser considerados desclasados porque defienden los intereses de la clase enemiga que son contradictorios y excluyentes con los intereses de la clase o sector de clase que les dio origen.

El desclasado José Pablo Feinmann

En la contratapa del diario Página 12 del domingo 24 de octubre, borronea una sarta de mentiras. Comienza hablando de un supuesto debate televisivo entre Demócratas y Republicanos en el país de sus sueños: Estados Unidos. La moraleja que extrae el conductor del susodicho programa sobre los incumplimientos de las promesas electorales del Premio Nóbel de la Paz -agente de la CIA y ocasional presidente Obama- y las políticas de los Republicanos, es que hay que saber diferenciar los matices entre alguien que te decepciona y otro que es enemigo mortal. ¡Los republicanos son los «enemigos mortales»! Sólo el autoproclamado filósofo no puede ver la enorme diferencia y los matices diferentes entre las torturas demócratas y las torturas de los republicanos. Feliz con ese «profundo y aleccionador descubrimiento» se apresura a aplicarlo «dialécticamente», eso sí: con SU dialéctica muy particular que sirve, precisamente, para su autoproclamada «filosofía». Empieza su «profundo y medular» análisis diciendo: «Hubo siempre en la Argentina una izquierda que desconoció esta verdad» (la de no ver los matices). Acto seguido, se despacha con la carta abierta que el Ejército Revolucionario del Pueblo y su dirección política, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, le dirigieran al Doctor Héctor J. Cámpora en su asunción como Presidente de los argentinos. Después de una perorata retorcida y mentirosa de lo escrito en esa carta -que todo el que se sienta interesado puede leer- y asentado en la afirmación de la ceguera frente a los matices, mágicamente nos lleva a enero de 1974. Con dos o tres saltos mortales pasa por encima el 20 de junio, la masacre de Ezeiza. Para el autodenominado filósofo no es importante la masacre de compañeros peronistas, no merece ninguna mención, como tampoco merece mención el autogolpe del 13 de julio de 1973. ¿Cómo queda la historia? El copamiento de Azul fue para hacer fracasar la reunión de los Diputados de la JP y para darle la justificación a Perón para que hiciera renunciar a los gobernadores progresistas. López Rega no existió. La teoría del Cerco del Brujo, tampoco existió. Las razones para que Perón creara y organizara las Tres A se las dio el ERP con su accionar.

Rápidamente, el mísero filósofo nos lleva al 24 de marzo de 1976 para enrostrarnos el editorial de «El Combatiente» Nº 210 donde está escrito «¡Argentinos a las armas!». Para él, nada ocurrió entre enero de 1974 y marzo de 1976: no ocurrió el Navarrazo, no existieron los miles de delegados sindicales, estudiantes, profesionales secuestrados, apaleados, desaparecidos y muertos por las Tres A. No existieron las policías, la gendarmería, los miles de presos políticos. Entre ellos, cientos y cientos eran de la JTP, del PC y otros que nada tenían que ver con las organizaciones armadas. Nada de esto registra el mísero filósofo, pero sí registra nuestra miopía para no ver que el reflujo de masas había comenzado a mediados de 1975 y no darnos cuenta de que ya era inútil llamar a nuestros compatriotas a empuñar las armas.

Cuando se está alejado, cuando no se forma parte del huracán de la lucha de clases, es fácil mirar desapasionadamente las tendencias que nacen y crecen al fragor de la lucha. Nadie pudo ver el comienzo del reflujo, mucho menos el filósofo de la miseria de la filosofía. Ahora se rasga las vestiduras porque ya esas tendencias hacia el reflujo han sido expuestas por otros intelectuales, incluso por el propio Mario Roberto Santucho, casi un mes antes de ser muerto. De eso no se ha enterado el autoproclamado filósofo. A él no le interesan esas nimiedades, porque lo desenfocan del objetivo de instaurar, nuevamente, la teoría de los dos demonios. Tampoco, para él, tiene importancia que el Partido Demócrata y el Partido Republicano sean dos caras de la misma moneda que compartan y se alternen en la administración del poder de la burguesía imperialista norteamericana y que no haya contradicciones antagónicas y excluyentes entre ellos. Lo importante es que ellos ven los «matices». Que el PRT no entre en el esquema de esos dos partidos yanquis es un dato menor… Que el PRT, al pelear por el PODER -y no por el gobierno, lo que convertía al Estado burgués en enemigo mortal- es un dato insignificante para el desclasado filósofo en su retorcida comparación.

El autoproclamado filósofo y sus miserias

Sostiene que este gobierno y el anterior tomaron la decisión de no reprimir la protesta social. ¿Cómo explica los más de cinco mil procesados por protestar? ¿Cómo explica los cientos de jóvenes muertos por el «gatillo fácil? ¿Cómo explica el encarcelamiento de los trabajadores petroleros de Las Heras y otros que fueron encarcelados por causas fabricadas? ¿Cómo explica la represión salvaje a los habitantes de Andalgalá? Dice que Mariano Ferreyra es el primer muerto. MIENTE: Fuentealba fue fusilado el 5 de abril de 2007 y que nosotros sepamos Neuquén es una provincia Argentina. Julio López sigue desaparecido, Mariano Arruga sigue desaparecido, los miles de pibes muertos por la droga son responsabilidad del Estado, la inseguridad es una política de Estado, por tanto, los muertos por ella son su responsabilidad. El filósofo tiene que ir a la escuela primaria para aprender a contar.

Así como seguramente fue parte de los que construyeron la teoría del «cerco del brujo», hoy debe ser parte de la elaboración de la «nueva teoría del entorno» y de la «conspiración duhaldista», ésa que baten «periodistas» oficialistas en programas televisivos mientras se sacan fotos con el principal sospechoso del homicidio de Mariano Ferreyra. ¿Cómo se puede creer que las investigaciones van a llegar hasta las últimas consecuencias cuando vemos en una banca del Senado de la Nación a uno de los estafadores, asesinos y corruptos más conspicuos de la historia del país como Menem o como candidata a Carrió, partícipe necesaria de crímenes de lesa humanidad o cuando vemos al ex gobernador de Neuquén sin ser molestado por el asesinato de Carlos Fuentealba? Es muy largo enumerar lo innumerable. La mentira, mentira es. Porque debemos esperar muchas muertes más, no sólo por la represión, sino por hambre, por contaminación con glifosato o con las minas a «cielo abierto» y tantas otras posibilidades de morir que ofrece este país.

Por último, dos cosas debe saber el miserable filósofo: 1º) Se ha convertido en difusor de la política del miedo. Dice: «Cuando alguien muere, morimos todos», una perogrullada cursi, típico sentimentalismo pequeño burgués, además de ser otra de sus hipocresías. La muerte de un militante fue, es y será una de las consecuencias posibles que deviene de la lucha cuando es seria y consecuente. Y aquí está la perlita: «Cuando alguien muere, todas las vidas están en peligro» a) se puede tomar como una amenaza subliminal; b) como una advertencia para que no se luche, no se milite y c) como la expresión entrañable de la cobardía del miserable filósofo.

2º) Lo que hagan los compañeros del Partido Obrero es de absoluta incumbencia de ellos. Lo único que diríamos es que hagan oídos sordos a los consejos y opiniones de este miserable personaje. No tiene autoridad moral desde el momento que les dio la espalda a sus compañeros, hasta calumniándolos y hoy, como consecuencia de su miserable filosofía, se dedica a vaciar de contenido las vidas de todos los peronistas y no peronistas que pelearon por la patria socialista.

CARLOS PONCE DE LEÓN

28/10/10

MARIO ROBERTO SANTUCHO (1936 – 1976)

Hijo del procurador judicial Francisco Rosario Santucho y de la maestra Manuela del Carmen Juárez, nació en la ciudad de Santiago del Estero el 12 de agosto de 1936. Don Francisco tuvo diez hijos, siete de los cuales nacieron de sus primeras nupcias con Isabel Juárez y los tres restantes -el mayor de los cuales era Mario Roberto- del segundo matrimonio con una hermana de la fallecida primera esposa.

Desde muy joven, prácticamente en la adolescencia, comenzó a  interesarse por las ideas políticas como consecuencia del permanente debate en el seno de su familia en un momento trascendente de la vida nacional: la década de los 50.  El conflicto ideológico que se generalizaba en al ámbito social ante la evidente caducidad de una forma de producción y de vida -la fase premonopólica del capitalismo- conducía al cuestionamiento de valores burgueses, generando contradicciones y la búsqueda de nuevas formas de convivencia.

Los cuestionamientos no sólo  se referían a lo económico y político, sino que se extendían a lo ideológico. Los cambios que se producían en el mundo al concluir la guerra contra el fascismo, exponían ante los pueblos nuevas y promisorias experiencias al desmoronarse la barrera de ocultamiento y desinformación erigida por el imperialismo.

El enfrentamiento bélico permitió  conocer la realidad de la construcción, del socialismo en la URSS, desenmascarando las patrañas que difundían los confabulados en la defensa del ya agotado orden burgués.

En un hogar profundamente católico con sólidas raíces nacionales, nivel económico y prácticas de vida de las capas más populares de la pequeña burguesía del interior, los nuevos vientos encontraron inmediata receptividad, disipando confusiones, unificando puntos de vista aparentemente opuestos y aportando procesos sintetizadores que, repitiéndose en muchos otros casos similares, definen una tendencia digna de un análisis más detenido.

Sus primeras inquietudes de participación se canalizaron a través de su acercamiento al Centro de Estudios e Investigaciones Socio-Económicos de la Provincia de Santiago del Estero y a la revista Dimensión, donde desempeñaba un papel prominente su hermano Francisco René quien, años después como dirigente del PRT, fuera secuestrado y desaparecido en la ciudad de Tucumán durante el gobierno de Isabel Perón (abril de 1975).  Ya comenzaba a interesarse por el marxismo, aunque todavía desde una posición crítica que fue matizando en las relaciones con militantes de izquierda e intelectuales que participaron en las actividades culturales que se desarrollaron en esos círculos. En esas circunstancias conoció, entre otros, a Bernardo Canal Feijoo, Rodolfo Khun, Héctor Agosti, Miguel Angel Asturias, Hernández Arregui y al intelectual polaco anticomunista Witold Gombrowicz, quienes contribuyeron a fortalecer su aspiración de profundizar el conocimiento de la problemática social y política.

Ya estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Tucumán, interviene activamente en las luchas universitarias participando en la fundación del MIECE (Movimiento Independiente de Ciencias Económicas) que surge como alternativa entre el Movimiento Reformista -constituido fundamentalmente por corrientes radicales, comunistas y socialistas- y el Humanismo que expresaba a sectores católicos y a la derecha conservadora. Su bandera de lucha estaba en el cuestionamiento a las vacilaciones y el abandono de las reivindicaciones del estudiantado del Movimiento Reformista que dirigía el Centro de Estudiantes, absorbido por una estéril polémica principista con el Humanismo.  Priorizó la lucha por las reivindicaciones principales del conjunto, interesado fundamentalmente en encontrar condiciones para avanzar en sus estudios y el apoyo a la Revolución Cubana, aún no definida como socialista.

El MIECE triunfó en las elecciones de 1959 ganando el Centro de Estudiantes y consagrando a Santucho como delegado estudiantil al Consejo Tripartito. La experiencia se extendió a otras facultades con distintas denominaciones, alcanzando en varias de ellas importantes éxitos y generando el nacimiento de una tendencia distinta a las tradicionales del estudiantado.

Comenzaban ya a definirse muchos de los atributos que caracterizaron su personalidad en las luchas posteriores. Su pasión por el estudio, muchas veces obstaculizado por las exigencias de una intensa militancia, trataba de ser satisfecha con organización y constancia, robándole horas al sueño y hasta utilizando métodos de lectura veloz, no siempre acordes con una necesaria profundización. Una confianza ilimitada en las masas lo dotaba de optimismo y una dinámica contagiosa, lo que le permitió enfrentar ambiciosos objetivos, generando energías y despertando fuerzas, muchas veces ignoradas, en los que acompañaban sus esfuerzos.

A comienzos de 1961 y con la aspiración de llegar a Cuba, viaja en compañía de su esposa Ana María Villarreal a través de varios países de América Latina; esa experiencia resulta determinante para su futuro. En Perú conoce al líder aprista Raúl Haya de la Torre, cuyas ideas influenciaban en el naciente Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP). Sale decepcionado de la entrevista. El  propagandizado antiimperialismo de Haya de la Torre, en esas circunstancias enmarcado en la “guerra fría” de la potencia imperialista contra el campo socialista, se ha transformado en un mero desarrollismo vergonzante que lo desenmascara ante sus visitantes.

Llega a los EE.UU., participa en debates y da conferencias en algunas universidades, conociendo desde adentro el bastión del capitalismo, palpando las falencias del progresismo de su intelectualidad y las increíbles limitaciones que manifestaban las individualidades más contestatarias al sistema. Hace escala en México donde palpa el descarnado rostro de la inicua explotación a la inmensa mayoría del pueblo, en una democracia capitalista con estabilidad política, presentada por la burguesía como modelo a imitar al resto del continente.

Desembarca en Cuba en un instante decisivo de su Revolución: cuando se proclama el avance hacia el socialismo. El contacto con esa realidad, las conversaciones con los líderes fundamentales y el contraste que advierte con todos las que conociera hasta ese momento -incluso la de la Argentina  peronista- definen sus aspiraciones revolucionarias y su adaptación de la ideología marxista-leninista. Regresa convencido y con su característica decisión impulsa los pasos para su plena integración a la lucha por la revolución argentina.

En su ausencia, el 9 de julio de 1961, se había fundado formalmente el FRIP, como materialización de la concepción amercanista antiimperialista, con reivindicaciones indigenistas que profesaban algunos de los componentes, fundamentalmente su hermanoFrancisco René.

La opción que enfrentaba en esas circunstancias estaba en incorporarse a alguna de las organizaciones que invocaban el marxismo o trabajar para construir una nueva organización con objetivos definidamente revolucionarios. Se decide por la más arriesgada: la única que consideraba factible en ese momento, a pesar de las enormes dificultades que presentaba.

Visualiza al FRIP como el embrión por desarrollar hacia el objetivo del partido revolucionario. Fue necesario un intenso debate ideológico interno para superar las profundas diferencias existentes entre su proyecto y las convicciones y metas de muchos de sus compañeros. El poder de convicción del ya conocido «Roby», su ya mentada tenacidad y una práctica conjunta con sectores marxistas en Santiago del Estero (PC y PS) en apoyo a la Revolución Cubana, permitieron importantes avances políticos en los principales componentes de la organización, no sin que se produjeran dolorosas deserciones. Particular importancia reviste, en ese paso, la evolución de Francisco René quien, desde su visión filosófica idealista en un complejo proceso de profundo análisis y debate, concluye enrolado en la concepción materialista dialéctica, donde su producción no fue lo rica que era de esperar al ser víctima, justamente en esa etapa, de la represión de la derecha fascista.

Se lanza intensamente a la actividad de construcción política de la organización. Por ese entonces, el FRIP se extendió a Tucumán, volcándose Santucho al trabajo entre los obreros azucareros, participando activamente en las luchas que libraban en defensa de la fuente de trabajo y del nivel salarial, amenazados por el proceso de concentración que impulsaban los grandes ingenios monopólicos de Salta y Jujuy.

En la misma época, escribe un análisis marxista, estudiando la estructura económica y de las clases sociales del norte del país, el peso de la industria azucarera en su economía y el importante rol de los trabajadores del ingenio y del surco por su concentración y experiencias de luchas; en él se planteaba la necesidad de la alianza del proletariado azucarero con el campesinado pobre y medio y la importancia de neutralizar a otros sectores medios y pequeño burgueses para aislar a la gran burguesía azucarera. Dicha investigación fue conocida como «Cuatro Tesis sobre el Norte Argentino».

La permanente dedicación al estudio de los clásicos fue complementada con una riquísima práctica social, en la que fue forjándose definitivamente su personalidad, afirmándose sus convicciones y el temple revolucionario que lo erigieron en el símbolo que hoy es.

Al mismo tiempo, su profundo internacionalismo caracterizó toda su militancia. Ya vimos con qué inquietudes conoció la Cuba revolucionaria; también fue un incansable estudioso y propagandizador de los procesos de Vietnam y todo el sudeste asiático, además de la «Revolución de los Claveles» en Portugal, que «Roby» miraba con particular esperanza. De la misma manera, fue uno de los principales impulsores de la unidad de los revolucionarios del Cono Sur de nuestro continente, cristalizada en la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) que agrupó al MIR de Chile, el MLN Tupamaros del Uruguay, al ELN de Bolivia y a nuestro Partido.

Integra plenamente su militancia y sus luchas con su vida familiar y de relación. No concebía la práctica política aislada y su confianza, seguridad y poder de convicción influenciaron a todos los que lo conocían. Su compañera Ana María fue erigiéndose en una importante dirigente, lo que la convirtió en víctima de la represión. Fue herida de bala en un reparto de alimentos en un barrio obrero y luego detenida dos veces. En la primera, fue liberada en la fuga del Buen Pastor en Córdoba y en la segunda oportunidad, luego de la fuga de Rawson, fue asesinada junto con otros 15 revolucionarios en la base naval de Trelew, el 12 de agosto de 1972. Del matrimonio nacieron tres hijas: Ana, Marcela y Gabriela, las que compartieron casi todas las vicisitudes de la vida de sus padres.

Fortalecido el FRIP, Santucho se preocupa por establecer relaciones y acercamientos con otras organizaciones marxistas, en la búsqueda de un diálogo que permitiera acercar posiciones y tácticas diferentes. Son conocidos los permanentes esfuerzos que impulsó para generar un debate fecundo con el Partido Comunista Argentino al cual, pese a las vitales diferencias que mantenía, calificaba como el aliado estratégico en vista a la formación del partido del proletariado. Los primeros intentos comenzaron antes del nacimiento del PRT, en Santiago del Estero, pero se frustraron por la negativa de los dirigentes comunistas locales a mantener relaciones con trotskistas. Con posterioridad -y sobre todo a partir del desprendimiento de los grupos que seguían a Nahuel Moreno- se produjeron avances, aunque con polémicas poco constructivas por su antagonización. No obstante ello, sobre la base de las relaciones que fue estableciendo Santucho en la cárcel, se logró un buen nivel de discusión, materializado no sólo dentro del penal, sino también en la atención desde el exterior, a cargo del responsable político del PC de Trelew, compañero Bel, que luego fuera secuestrado y desaparecido durante el golpe de 1976.

Esas relaciones prosiguieron siempre polémicas, pero con pasos constructivos (como la conmemoración conjunta del primer aniversario de la Masacre de Trelew en agosto de 1973) hasta cortarse con la acción militar en el Comando de Sanidad, el 6 de septiembre de 1973.

En el camino del acercamiento a otras corrientes marxistas, participando en las luchas de los trabajadores tucumanos, comienzan a establecerse vínculos con militantes de Palabra Obrera, organización de tendencia trotskista que desarrollaba el «entrismo» en el peronismo obrero tucumano. Esas vinculaciones a niveles de base fueron facilitando el acercamiento de ambas organizaciones en la región, donde incluso se participa conjuntamente en una experiencia electoral que permite incorporar a dirigentes obreros a la legislatura de la provincia en 1964. En ese proceso y a pesar de las profundas diferencias que advierte Santucho entre las posiciones de ambas organizaciones, impulsa la unificación en la Fundación del PRT (25 de mayo de 1965) alentado por las grandes coincidencias que encuentra en la vinculación con la base de Palabra Obrera.

En la lucha interna que inmediatamente se desata en el PRT Santucho desempeña un rol prominente en el enfrentamiento con las fundamentales posiciones del trotskismo. Su papel en el III, IV y V Congreso son vitales en las decisiones que se adoptan, rechazando la política del «entrismo», definiendo el tipo de partido como marxista-leninista e impulsando, en la práctica, la lucha en apoyo a la resistencia de los trabajadores azucareros ante la violencia de la dictadura militar de Onganía.

Durante ese período, Santucho es detenido en dos oportunidades. Primeramente en Tucumán, donde es trasladado permanentemente a diversas comisarías del interior para prevenir intentos de fuga o de liberación por parte de sus compañeros. Finalmente, es alojado en la Penitenciaría de la ciudad de Tucumán, junto con todos los presos pertenecientes al PRT. Mediante un ardid para lo cual, con la ingestión de un medicamento, se provoca los síntomas de un ataque de hepatitis, logra su traslado al Hospital Provincial; allí logra fugarse aprovechando un descuido de la guardia en un cambio de turno. Viaja inmediatamente a Buenos Aires para participar en el Vº Congreso que estaba en preparación.

Posteriormente, en agosto de 1971, es nuevamente detenido en la ciudad de Córdob,a cuando se aprestaba a viajar junto con otros militantes para apoyar la fuga de sus compañeros de la Penitenciaría de Villa Urquiza de Tucumán, donde estuvo alojado. Inmediatamente trasladado a la prisión de Villa Devoto en Buenos Aires, es mantenido bajo un riguroso control. Poco tiempo después, es detenida en Tucumán su compañera Ana María y quedan sus tres hijas bajo la atención de sus abuelos.

En la cárcel, Santucho impulsa el estudio y la formación política de los varios centenares de militantes de la organización, al mismo tiempo que se esfuerza por mejorar las relaciones políticas con los prisioneros de otras organizaciones populares, especialmente PC, Montoneros, FAR y FAP. Se destacan sus esfuerzos para unificar posiciones -a veces notablemente enfrentadas- entre las diversas tendencias políticas, sobre todo entre el PC y las organizaciones peronistas que desarrollaban la lucha armada. Asimismo, establece sólidos vínculos con destacados militantes políticos y sindicales como Raimundo Ongaro, Armando Jaime, Pujadas y, sobre todo, Agustín Tosco, con quien mantuvo una fecunda vinculación hasta el final de su vida.

Trasladado a Rawson, penal de máxima seguridad, prepara minuciosamente el plan de la fuga que se efectiviza el 15 de agosto de 1972. En su elaboración prevé al máximo los diversos detalles de la operación, viéndose precisado a insistir y argumentar reiteradamente pese a las dificultades naturales de su prisión, ante la indecisión y la falta de confianza de los que ocupan transitoriamente la Dirección del Partido.

La operación en el penal se consumó a la perfección. Se logró el pleno control interno. Pero la falta de fe y las debilidades de los que comandaban las fuerzas de apoyo exterior generaron un serio problema: el grupo de vanguardia, al intentar dominar la última guardia externa, terminó en un breve intercambio de disparos que ocasionó, en la jefatura de operaciones externa, la decisión de retirarse con los vehículos para el traslado de los liberados, ante la visión de que habría fracasado el intento interno. Consecuencia de tan nefasto error fue la tardía llegada del segundo contingente de liberados al aeropuerto de Trelew (donde estaba copado y retenido el avión regular de Austral), su obligada rendición y el ulterior asesinato por fuerzas de la Marina de 16 de los 19 revolucionarios allí encerrados, el 22 de Agosto de 1972.

Los seis dirigentes principales de las organizaciones participantes -ERP y FAR, en la planificación e implementación; y Montoneros solamente en la fuga de sus presos- en el avión secuestrado lograron llegar a Chile donde obtuvieron asilo del gobierno la Unidad Popular de Allende para ser trasladados, posteriormente, a La Habana. Dichos dirigentes fueron nuestros compañeros Santucho, Domingo Mena y Gorriarán Merlo, además de Marcos Osatinsky y Roberto Quieto de las FAR y Fernando Vaca Narvaja de Montoneros.

Casi inmediatamente, en noviembre de 1971, retornó al país y se puso al frente de la organización que pasaba por una situación crítica como consecuencia de la notable reducción cuantitativa de sus integrantes (gran cantidad de militantes estaban en prisión) y por la debilidad política de la Dirección transitoria. A partir de entonces se impulsa un proceso de incesante desarrollo y crecimiento de la organización. La situación era sumamente compleja: el abandono por el peronismo de su política nacionalista burguesa y las manifiestas divergencias de las propuestas de las fuerzas populares, no obstante la combativa resistencia de los trabajadores y distintos sectores del pueblo a la política de concentración, van creando las condiciones para el golpe fascista favorecido por la división de las fuerzas políticas y el repliegue de las masas, sin conducción, frente a la agresión del terrorismo de estado.

La instalación del gobierno constitucional de Cámpora inicia una compleja coyuntura en la política del país, en la que la agudeza que adquiere el enfrentamiento social y el acelerado desarrollo del PRT y del ERP imponen un ritmo absorbente a la actividad. La vida de Santucho se liga cada vez más indisolublemente a la lucha partidaria y resulta casi imposible remarcar hechos personales separados de la política del PRT, de sus análisis y de sus propuestas. Participa en todas y cada una de las decisiones fundamentales, correspondiéndole la principal cuota en los errores y en la trascendente presencia que manifiesta en la decisiva fase de la vida nacional que transcurre entre 1973 a 1976.

Constituye pareja con Liliana Delfino, integrante del Comité Central de la organización y responsable de Propaganda Nacional, que lo acompaña hasta su muerte, circunstancia en la cual es secuestrada y desaparecida por las fuerzas militares que asaltaron su vivienda de Villa Martelli. De esa unión nació Mario Antonio.

El PRT caracteriza correctamente las posibilidades del gobierno de Perón desde el punto de vista de los intereses de clase que representaba y del objetivo de contener la lucha de masas, para lo cual se vería precisado a seguir el rumbo antipopular. La justeza de ese análisis y la activa presencia del Partido y del Ejército en la lucha de clases concitan la confianza de las capas más politizadas -que comienzan a participar en su lucha- y el respeto del conjunto de las masas.

Al mismo tiempo, desarrolla esfuerzos para el acercamiento con otras organizaciones populares, en procura de acuerdos unitarios que permitan coordinar actividades conjuntas. En ese sentido, sus pasos resultan poco fructíferos, no solamente por las diferencias de propuestas políticas, sino por los profundos desacuerdos en el análisis de la situación, lo que exacerba el tradicional sectarismo en la izquierda argentina.

Además de ello, la incomprensión de la etapa democrática y la subsistencia de la visión militarista del PRT determinan la implementación de la táctica de grandes operaciones militares para fortalecer el enfrentamiento a los avances de la derecha fascista, después de la renuncia de Cámpora. Las falencias de esa política comienzan a advertirse al poco tiempo y ello induce a Santucho a profundizar el análisis de las propuestas que permitieran la participación de las grandes masas -que comenzaban a desencantarse de las posibilidades del gobierno luego de la muerte de Perón- en el ya generalizado enfrentamiento de las clases. Poder Burgués y Poder Revolucionario constituye el producto de esa reflexión y es aprobado en el Comité Central «Antonio del Carmen Fernández» de septiembre de 1974.

Pero ya resulta irreversible la inercia del proceso, no solamente por las dificultades, sino también por la dinámica de cada una de las organizaciones, que limitaba las posibilidades de una modificación táctica. Sin embargo, Santucho persistió en sus objetivos de unificación con las fuerzas afines, aún reduciendo la amplitud de las alianzas. Hasta sus últimos momentos, bregó incansablemente por concretar un acuerdo con Montoneros, Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) y Partido Comunista Marxista Leninista (La Plata), con el proyecto de la Organización para la Liberación de Argentina (OLA).

En ese esfuerzo fue sorprendido por el ataque militar a su vivienda, donde se encontraba junto con Liliana Delfino, Domingo Mena, su compañera Ana María Lancillotto de Mena y Benito Urteaga. Fiel a sus convicciones y manteniendo la conducta de toda su vida, no obstante la inferioridad numérica y de armamento, junto con Urteaga enfrentó el ataque militar. Domingo Mena, Liliana Delfino y Ana Maria Lancillotto fueron secuestrados. Era el día 19 de julio de 1976. Desde entonces todos ellos permanecen desaparecidos.